Ser clérigo

Ser clérigo de misa y olla, o zapatero conventual en un monasterio pequeño, perdido diminuto en un prado junto a un río y una arboleda, lejos del mundo, sus carnes y pescados, o ser hermano ostiario y clavario en la cartuja de Vayausted y que nadie se acuerde de mí excepto para que abra puertas en aquella casa de Dios donde las puertas nunca se abren, y pasar las mañanas de siesta y las tardes en la cocina, bebiendo vino berciano, o similar, probando el orujo de temporada y las perdices del marqués, escabechadas por más señas, conversando con algún peregrino de paso hacia Hogueras Altas, y escuchar su relato de la duodécima del Real Madrid y preguntarle yo, muy afanoso, por la pervivencia o decaimiento de la moda de la maxifalda, pues el misterio sigue llamándose mujeres y quien tuvo retuvo, no te jode.






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About Actas de noviembre

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