Democracia de domingo

A lo largo de los últimos años he escrito en varias ocasiones sobre el mismo asunto y no quiero hacerme pesado, pero ya lo decía Jordan Peterson en una entrevista de esas que tienen el incierto mérito de convertirse en virales: “Debemos correr el riesgo de resultar antipáticos, de que nuestras opiniones incomoden e incluso ofendan al interlocutor; no podemos vivir siempre en la impostura de lo correcto porque, en ese caso, es imposible ser coherente y defender la propia convicción”. Me incluyo sin permiso en el grupo de los antipáticos redimidos por Peterson y voy a lo que iba: un compendio teórico y una estructura argumental que por sistema deben auto revisarse —y auto regularse— cuando se presentan circunstancias extraordinarias, ni son creencia válida ni convicción consistente ni verdad útil. Por lo claro: una teoría sobre la realidad que sólo es funcional cuando no sucede nada y que, en lo básico, precisa corregirse a sí misma cuando se presentan condiciones excepcionales, no sirve más que para hacer de bonito en el limbo de las buenas ideas. Aún más claro —a ver si consigo hacerme entender—: para los días de fiesta todo el mundo es mañoso; el valor auténtico de una teoría se demuestra en la dificultad, cuando las condiciones ambientales se vuelven complicadas.






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About Actas de noviembre

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