«Interregno» y «Reinos de otro mundo» – Dos novelas de una saga mágica y legendaria, de José Vicente Pascual – Una reseña de Fuensanta Niñirola

La épica, como género literario que cuenta las hazañas de héroes, comienza con Homero en la cultura mediterránea para continuar con las sagas nórdicas, el ciclo artúrico y el germano «Cantar de los Nibelungos». Pues bien, esta es la categoría en la que más se ajustarían Interregno, y Reinos de otro mundo, textos ambos plenos de aventuras, héroes, seres extraordinarios, mágicos o míticos, y sin embargo dotados de una base firmemente anclada en la dura roca de la naturaleza humana. En mi opinión, la mejor literatura. Con la cultura grecolatina, la mitología céltica y el ciclo artúrico, con las sagas nórdicas y germanas, está en deuda toda la literatura occidental, y en este caso concreto, José Vicente Pascual, que recoge esa tradición, a la que añade, ya en las letras hispánicas, la herencia de Cunqueiro y Perucho. Los relatos épicos clásicos entrelazan el componente humano (batallas, ambiciones, deseos, lealtades, traiciones….) y el divino, permitiéndose gestos mágicos y abriendo la puerta a hechos que la razón no puede contemplar pero que la imaginación disfruta intensamente al descubrirlos. Ambos textos son un espléndido ejemplo contemporáneo de literatura épica española.

Interregno

Leer Interregno despierta la ensoñación, transportando al lector a una época incierta y un difuso escenario geográfico, en esos siglos en los que la bruma confunde realidad y leyenda; una larga época de cambio, oscura y misteriosa, propicia a lo extraordinario, donde se sumerge el lector en una mezcla de creencias, mitos y leyendas a la vez que presencia crudas y terribles realidades.

El argumento de Interregno se compone de tres partes y un epílogo: «Las leyes del pasado», «El templo de piedra» y «El oro de Vadinia», partes contadas por un narrador universal y el epílogo, contado en primera persona. La novela comienza en «La liebre cazadora», una posada que parece buen refugio en tiempos convulsos. Egidio, un joven cazador furtivo y ladronzuelo, recibe un obsequio de manos de Eresvita, la jovencísima posadera; regalo que le convertirá en el futuro héroe principal de esta historia. A partir de ese comienzo, la narración alternará los puntos de vista, articulando los diferentes escenarios y contiendas, mostrando un entramado de ambiciones y estrategias, amores y odios, lealtades y traiciones; con lo que no hay un momento de descanso en la lectura, cuyo ritmo no decae: siempre hay un nuevo motivo de interés para seguir leyendo…. una historia que acaba justamente en la misma posada, bastantes años más tarde, donde se refugia un monje gordinflón y bebedor, Gotardo, que cuenta, no sin cierta retranca, hechos pasados, vividos o soñados, a una ya madura Eresvita, al calor del fuego nocturno.

Dos ideas generales se destacan en toda esta historia. Por una parte, la del enfrentamiento de dos visiones del mundo: la ancestral, ya moribunda, frente a otra naciente y nueva. El mundo antiguo, poblado de seres mitológicos: dioses, ninfas, espectros y animales legendarios, va a ser reemplazado por los defensores de la Verdadera Religión, que, gracias al apoyo de los emperadores romanos de oriente y occidente, defienden su fe y la pervivencia de la Iglesia ante el avance incontenible de las tribus invasoras en el norte de la Península Ibérica (suevos, vándalos y alanos). Esto ocurre hacia principios del siglo V: Roma es un pálido recuerdo del pasado, y los invasores se disputan el botín.

Y por otra, el binomio Oro-Sangre: la lucha por el poder ligada a la guerra, y la muerte. El componente humano representa el anclaje de toda historia. La humanidad, retratada en sus momentos más feroces o en sus momentos más sublimes. Porque el ser humano es así: puede ser sublime, …pero suele ser más bien feroz, cruel, implacable. Una manada de lobos, podríamos decir, parangonando a Hobbes. De ahí que la relación del oro con la sangre sea un leit motiv en la narración. El eje alrededor del cual gira la acción social humana es, sin duda, la lucha por el poder, simbolizado magníficamente por el Oro.


En cuanto a los personajes, son múltiples y todos con gran atractivo: la dulce Irmina, cuya infancia simboliza el mundo mágico. El protagonista Egidio, que de furtivo ladrón deviene en Señor de Horcados Negros y jefe de las huestes «bagaudas», gracias al arco de Daciano y al artúrico amor de Irmina. Personajes tan dispares como los guerreros Hidulfo y Walburga, mantienen una estrambótica simbiosis, no carente de cierto humor negro. Alpida es una suerte de walkiria o amazona, una mujer guerrera; los mellizos Doménico y Genebrando, gigante y enano, son radicalmente contrapuestos; los trece Olvidados, espectros guerreros que siguen a Hidulfo en esa lucha fantasmal entre la vida y la muerte. El rey Hermod de Gottwissen, que alimenta su longevidad con corazones palpitantes de sirenas o ninfas grises; las propias ninfas, personajes tan mitológicos como las que guardaban el oro del Rhin o habitaban el lago artúrico. La reina Lupa de Luparia, personaje de breve aparición, pero de una lucidez asombrosa. Los niños Marcio e Irmina, ocultos en una barca protegidos por las ninfas de las aguas, y que volveremos a encontrar en la siguiente novela, ya crecidos.


Toda una coreografía que compone una obra absolutamente polifónica, escrita con un lenguaje cuidado, alegórico, muy expresivo y rico, siempre con un contrapunto de humor, que muy bien contrarresta el dramatismo de algunos pasajes.

Reinos de otro mundo

Como su título indica, los reinos de los que se habla en esta narración, son de otro mundo. Pero un mundo que podemos reconocer, porque tiene mucho de este en el que vivimos o de su historia. La imaginación puede crear mundos irreales… combinando elementos reales. Y esto es lo que sucede con esta obra. Encontramos en ella muchos ecos literarios, ecos de novelas de caballerías, flashes quijotescos, alguna nota de picaresca, todo ello dentro del depurado estilo de J.V. Pascual, que reúne una magnífica elocución con una retranca latente y a veces claramente manifiesta, junto a una imaginación desbordante y una buena dosis de simbolismos. La novela se divide en dos partes claramente diferenciadas.

El Libro Primero, titulado «En pie sobre las ruinas» es el que enlaza directamente con la anterior novela Interregno y se divide a su vez en tres partes. El espacio-tiempo histórico es el mismo, y los países o ciudades que se citan son en parte históricos también, si bien la narración tiene un tinte legendario y épico. Ella-Sin-Nombre, misteriosa dama con aura mágica, aparecerá cerca del poblado Osos Ciegos, a donde llegan los cuatro protagonistas: Marcio, Irmina, Balbino y Conrado, huyendo de Horcados Negros y los nómadas que lo invaden. Algunos de los personajes provienen de esa anterior novela, aunque aparecen otros nuevos, como el propio narrador de la historia, Conrado, que narra en primera persona. Conrado es un joven guerrero, al servicio de Balbino, e instruido por él en el arte de la guerra.


El Libro Segundo se titula «Las Nueve Hogueras» y asimismo se subdivide en tres partes. Este sí es otro mundo, y el autor se vale de otra fórmula que no es el recuento personal: lo que se cuenta proviene del archivo real de un imaginario reino, Dôgud, del cual se rescatan ciertas «Actas Extraviadas» y las «Crónicas del Reinado Feliz». Inician la narración Àderv y Ducas, dos jóvenes aspirantes a Guardianes la Corona del reino-sin-rey de las Nueve Hogueras, y la seguirán protagonizando hasta el final. Su jefe, Dorghen, los embarcará en las naves que les llevarán al país de Dôgud. Su misión: proteger al rey Nabrus, cuyo proyecto de matrimoniar a Everica, reina del vecino Váraq parece conflictivo, puesto que habrán de enfrentarse al reino Decca Sarayi. Hay otros reinos: Glavom, Bornegie, Aquiterra, la Ciudad Dorada, Ceteria, etc. Y todos ellos entrarán en una especie de guerra mundial, un conflicto colectivo que retumbará hasta en Oriente despertando de su letargo milenario al inmenso ejército del Conquistador.

La narración principal está trufada de digresiones, contando la historia de los reinos en litigio y de sus ancestros, y tambien el interés por descubrir un nuevo mundo navegando por Occidente. Todo esto nos suena. Pero no nos equivoquemos: es ficción.

En general, el papel de las mujeres en esta narración es el de dirigentes, el de los hombres es el de los dirigidos, con diversos matices: incluido el «atildado y florido» rey Nabrus. Sin embargo, cuando la narración entra en su fase final, y surge el reino oriental de la Luna Roja, con un jefe (kan) al que llaman Ordogei el Conquistador, desaparece el protagonismo femenino.

Otros personajes interesantes por el misterio que les envuelve, los que rigen los destinos de Ceteria: Freda, personaje incierto, y El Centinela, que, al igual que El Conquistador, no muestran claramente su faz, sino que se mueven en la sombra, son legendarios señores del Tiempo y del Futuro. El relato, pues, no sigue un trazo rectilíneo, sino que va fluyendo por recorridos sinuosos, siguiendo a uno u otro personaje, en su trayectoria y aventuras, como un gran río que al acercarse lentamente al mar conforma un delta lleno de caños. Las descripciones de las luchas y las batallas son múltiples, muy detalladas, dando un tono de realismo y verosimilitud, con dosis de fuerte violencia como en la batalla del desfiladero de Savurmak y la conquista de Yanmisqoi que les da paso a la Ciudad del Alba. Los relatos del viaje por mar tienen un comienzo realista que acaba sumergido en un terreno brumoso, legendario y mágico, que es el tono general de esta novela.


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José Vicente Pascual (Madrid, 1956) es autor de numerosas novelas y libros de relatos. Entre sus obras destacan La montaña de Taishán (Premio Azorín 1989), El capitán de plomo (Premio Café Gijón 1993), Palermo del cuchillo (Premio Alfonso XIII 1995; Ediciones B, 1996), Juan Latino, El país de Abel (finalista del Premio Nacional de la Crítica 2002), La diosa de barro, Homero y los reinos del mar (finalista del Premio Caja Granada de novela histórica 2009), Los fantasmas del Retiro, La hermandad de la nieve (Premio Hislibris a la mejor novela histórica y mejor autor 2012) y Almirante en Tierra Firme (Premio Hispania de novela histórica 2013). Con Isla de lobos ( Versátil, 2016) ganóel Premio València 2016 Alfons El Magnànim de Narrativa. Posteriormente publicó El alma en la piedra (Pàmies, 2020); Durante décadas ha sido redactor y colaborador habitual en diversos medios de prensa escrita. En la actualidad forma parte del equipo de redacción del periódico digital El Manifiesto.Es miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada.


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