Clásicos

“¿Los clásicos van a ser clásicos eternamente?”, preguntaba el otro día un tertuliano radiofónico. Tenía mucha razón al plantear su duda. Los clásicos son modelo no por admirables sino porque interpretan el mundo desde el saber y el genio florecidos en épocas pasadas. Había una rancia definición de “lo clásico”, muy dieciochesca: “Lo que merece ser imitado”. Naturalmente, la oficialidad ilustrada española en el siglo de las luces o imitaba o aprendía francés para exiliarse a gusto en Burdeos. Mas la persona sensata sólo imita fórmulas de éxito. A los clásicos, más que imitarlos conviene aprenderlos. Y hacerles caso. Cuando Sócrates afirmaba saber sólo que nada sabía, no estaba haciendo un juego de palabras; más bien lanzaba una advertencia a las generaciones de los hombres (y de las mujeres): “No te las des de listo, chaval, porque tarde o temprano vas a estrellarte contra el misterio”.

Tampoco es descabellado pensar que los clásicos no tienen por qué serlo para siempre, hasta el infinito y más allá. Lo razonable es suponer que en tiempo futuro surgirán ideas nuevas acordadas con nuevas realidades que ni siquiera imaginamos por muy ci-fi que sea nuestro corazón, y que esas cosmogonías del futuro serán la base clásica de civilizaciones remotas. Lo que no parece razonable es propugnar el cambio de paradigma cuando no hay con qué cubrir el hueco. Si algún Fernández contemporáneo está en condiciones de refutar a Aristoteles y demostrar su vetustez, por mí encantado. Pero renegar de los clásicos porque son muy antiguos es como sublevarse contra la ley de la gravedad porque lleva milenios incordiando y matando a todo el que cae de un quinto piso.

El rapero Muchai dice en una de sus letras que “lo malo del subidón de ayer fue el bajón de hoy”; o sea, no dice nada, ni nada nuevo. Lo de siempre y ningún problema, cada músico es muy dueño de poner a sus canciones las letras que le vengan en gana. Lo malo es que el tertuliano radiofónico proponga, como propuso, el modelo neoclásico a partir de las letras de los raperos y los “poetas populares en redes sociales”. Afirmó: “serán clásicos para millones de jóvenes”. Cáspita, pensé: me he quedado en el prejuicio pequeñoburgués sobre la ley de la gravedad y el sorites socrático, que en lenguaje contemporáneo se traduciría, más o menos: qué hostia os vais a meter.


JVPascual, 2020.
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IDEAl, Granada, 01/10/2020



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