El Tortuga


Mi amigo Oleg, que en paz descanse, cultivó a lo largo de su existencia dos cualidades discutibles: ser una de las personas más insoportables con las que podía topar el incauto, seducido por su impostada mundanidad tangerina, y ejercer de propósito aunque no de hecho como plagiador genial de obras literarias. Allá por principios de los años noventa concibió la idea de traducir al francés la reciente “Juegos de la edad tardía”, novela de Luis Landero que arrasaba en ventas, y presentarla como manuscrito inédito a alguna editorial parisina. “Total, a los escritores españoles no les hacen ningún caso en Francia: nunca van a enterarse de que Landero existe”. Arruiné su sueño al informarle de que la obra ya había sido publicada por Gallimard, con el título un poco rebuscado de “Les jeux tardis de l’âge mûr”.

No tardó en recuperarse de la decepción, no crean. A los pocos meses me comentó su pretensión de plagiar una novela rumana, de escasísimo éxito y de la que desgraciadamente no recuerdo el autor, sobre un joven que se encierra en el cuarto de baño y convierte la bañera en perpetuo caparazón que lo protege del mundo. Tenía hasta pensado título en español: “El Tortuga”. No llegó a prosperar la iniciativa porque la naturaleza ambulante de Oleg lo condujo a otros afanes menos literarios, como casarse, amargar la vida a esposa y nueva familia, divorciarse y cultivar con esmero la cirrosis. Fue en esa época cuando perdí definitivamente contacto con él, gracias al destino.

Hace poco volví a recordarlo. Motivo: la película “La biblioteca de los manuscritos rechazados”, basada en la obra “Le mystère Henri Pick” de David Foenkinos. El protagonista secundario, prometedor escritor, acaba de publicar una novela sin pena ni gloria cuyo argumento se centra en un joven que se encierra en el cuarto de baño y convierte la bañera en perpetuo caparazón que lo protege del mundo. Caramba, ¿quién plagia a quién? Oleg falleció hace mucho, de manera que esta vez no es culpable. He buscado hasta aburrirme por Internet, en busca de aquella novela original rumana sobre El Tortuga. Nada. Me habría gustado rastrear más a fondo el enigma, pero de Oleg y su entorno no quedan huellas en este mundo. Ya saben: “Las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la faz de la tierra”. Sólo el silencio, para siempre.




IDEAL,Granada, 16/07/2020


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