Esas osadías que se escriben sin pensarlas bien, o pensándolas demasiado

Marx intentaba engañar o se equivocaba, seguramente ambas cosas, cuando enunció su célebre proposición en 11 Tesis sobre Feuerbach: “Los filósofos, hasta el momento, no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, ahora de lo que se trata es de transformarlo”. En 1845 era relativamente fácil enmarañar el criterio de la gente con frases campanudas como esta. Los lectores de libros, especialmente ensayos filosóficos y políticos, eran personas instruidas aunque representaban una mínima parte de la población. Con ese público era complicado adulterar la objetividad historiográfica aunque se tratara de historia de la filosofía o de la ciencia. Pero si algún tratado, fuera de la naturaleza que fuese, llegaba a popularizarse y transcendía los ámbitos académicos e ilustrados hasta hacer nido en el ideario cotidiano de las gentes del común, lo normal y evidentemente lógico era que al conocimiento de las masas hubiese llegado un resumen bastante apresurado, inexacto y a menudo pueril del cuerpo teórico y la materia principal desarrollada en aquella obra. Si a mediados/finales del siglo XIX preguntaban a cualquier persona normal, con un nivel estándar de educación y unos hábitos lectores propios de la época en qué consistía la teoría evolutiva de Darwin, expuesta en su libro On the Origin of Species, la respuesta unánime era tan concisa como burda: “El hombre desciende del mono”. El ejemplo sirve igualmente para cualquier disciplina del pensamiento, especialmente las doctrinas políticas tan inquietas en esa época. El comunismo, según la noción simplificada que llegaba a las masas, era una fe sin Dios que proponía la liberación de la humanidad por el radical método de “ser todos iguales y ganar lo mismo”; el anarquismo era una impugnación a la totalidad, igualmente atea, consistente en “estar en contra de todo por sistema”. Y así hasta agotar el catálogo de conocimientos populares “de prestigio”.

La situación actual no es muy distinta, hay millones y millones de personas que de todo saben, de todo entienden y de todo opinan en las redes sociales. Que sus puntos de vista, por lo general, oscilen entre lo ingenuo y lo grosero, no invalida la relevancia del fenómeno. Lo importante, al parecer, es el derecho de las gentes a expresarse y la posibilidad real de hacerlo gracias al beneficio democrático de la tarifa plana de Internet. Y este último párrafo no ofenderá a nadie porque nadie, que yo sepa, se considera partícipe y miembro activo —a veces entusiasta, no hay más que echar un vistazo a sitios como Twitter o Facebook—, de esas multitudes ignorantes, osadas y complacidas en lo rudimentario de sus conocimientos, una aspereza mental y una bronquedad que casi todos suelen confundir con encomiable solidez en sus convicciones. Naturalmente, el postulado marxiano de que “Los filósofos, hasta el momento, no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, ahora de lo que se trata es de transformarlo”, reúne todas las condiciones para ser aceptado como ocurrencia brillante en este maremagno de inanidad, descontento y pereza en el que se desenvuelve el pensamiento débil de nuestro tiempo. Significa algo así como: “Renunciemos a comprender el mundo porque cualquiera que intente explicarlo está fuera de la realidad, pues lo importante no es entender sino hacer”. Un cabal y premeditado llamamiento a la burricia que a lo largo de la historia —no hace falta insistir en ello—, ha tenido consecuencias catastróficas.

Aunque, lo peor de todo —continuo hablando de Marx y su tesis—, no es el error de método y lo que del mismo se sigue, sino la deliberada mentira que tan galanamente deja caer en la primera parte de la famosa frase: “Los filósofos, hasta el momento, no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo”. Una falsedad interesada y clamorosa, impropia de un pensador que haya asumido la necesidad de documentarse someramente antes de permitirse declaraciones tan solemnes, y encima exponerlas con tanto desparpajo. Los únicos clásicos que se limitaron a interpretar e intentar comprender el mundo sin otro objeto que el conocimiento en sí fueron Pitágoras, que no era filósofo, y los materialistas Epicuro y Demócrito. Marx hizo su tesis doctoral sobre las diferencias conceptuales en las cosmogonías de Epicuro y Demócrito, y sabía muy bien —en aquellos tiempos no se estilaba tanto el plagio académico—, que aparte de los mencionados, los filósofos no se habían dedicado en exclusiva a explicar/interpretar el mundo, sino a construir sistemas éticos, por lo general muy complejos, siempre deducidos a partir de la particular visión de cada cual sobre las cuestiones previas fundamentales que todos se planteaban: el ser, el origen, el sentido de la vida y la muerte. Es decir, que los filósofos se habían dedicado a establecer principios explicativos para, de inmediato, postular un deber ser acorde con el postulado inicial. Lo que hace Marx, tramposo como en otras ocasiones, es desautorizar las convicciones anteriores a su método no por erróneas sino por especulativas. La suya es una aparición torera: “Dejadme solo, que yo soy el que entiende de esto, los demás no han hecho más que dar capotazos a la realidad”.

No, en el transcurso de la historia los filósofos no se han dedicado sólo a entender el mundo y explicarlo a la plebe, sino a intentar transformar el mundo —igual que Marx—, sobre sistemas morales instrumentales que, en definitiva, constituían lo fundamental y en verdad importante de su pensamiento. Marx era consciente de ello, cómo no, pero como para un erudito doctorado como él habría resultado poco elegante el anuncio de que “Los filósofos, hasta el momento, han sido unos reaccionarios; hora es de que llegue un revolucionario para arreglar este asunto, yo mismo sin ir más lejos”, se limitó, tan espabilado, a desacreditarlos por inútiles teoricistas y poco menos que palilleros mentales.

Ni Aristoteles ni Platón, ni Descartes ni Hegel, ni Kant ni Schopenhauer. El que sabía cómo debían hacerse las cosas, bien hechas, era Carlos Marx. Grande el hombre. Y tremendos sus resultados.

JVPascual-2020

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