Vórtice

La Avenida de la Ópera discurre entre el palacio Garnier y el museo del Louvre, con etapas de refresco en lugares de prestigio como el Palais Royale, la Comédie-Française y la plaza André Malraux. Es una de las sendas urbanas más pateadas por los turistas, lo que significa que pocos lugares en el planeta soportan un tráfico humano, a pie, más intenso. No tengo idea ni imagino cuántas personas recorren cada día, arriba abajo, esta calle parisina; muchos miles seguro, y decenas de miles en fin de semana y épocas de afluencia masiva, tal cual el verano.

La entrada del metro Pyramides y el café Royal Ópera se encuentran en la acera de los impares de la avenida, y forman una esquina artificial entre las barandillas del acceso al suburbano y la terraza de este conocido restaurante-cafetería (conocido sobre todo por sus precios astronómicos). El paso entre uno y otro obstáculo, según muestra la fotografía, debe de tener un metro y medio de anchura aproximadamente, como el marco de una puerta que comunicase dos habitaciones separadas por dos conceptos distintos de la vida: el ritmo un poco zombi de los turistas y el gusto de los parisinos por perder horas y horas sentados en perfecto orden lineal, en las terrazas de sus cafés.



Termópilas parisinas


Cada jornada, aquellas masas de turistas que acuden al Louvre o vuelven del Louvre, que visitan la plaza y palacio de la Ópera o regresan del templo de las artes musicales, deben estrechar sus filas, ajustarse a la angostura como de Termópilas artificiales entre el Royal Ópera y Pyramides. Si una persona o una pareja o unos cuántos amigos ocupan la mesa de la izquierda, tal como aparece en la imagen, tienen el privilegio de contemplar el mundo desde uno de sus vórtices elementales; un aleph por el que han pasado todos quienes fueron y, con el tiempo, todos los que serán, turistas y no turistas. A la larga, eterno retorno mediante, todo el universo habrá desfilado por esos ciento cincuenta centímetros encajonados entre las mesas del café y la boca del metro. Nietzsche no tuvo razón en casi nada de lo que propuso, pero se habría sentido feliz ante este prodigio urbano porque odiaba a las masas casi tanto como a sí mismo; y las masas masivas, más masivas que nunca en estos entornos, sufren haciendo cola bajo el calor de julio para pasar el obstáculo. La calle es dura, colegas. Para los turistas de pies cansados, ni te cuento.

Aclarar que este disparate urbano, en España, estaría prohibido y jamás se habría producido, es algo tan evidente como sugerir que las conexiones de Internet en Francia son un poco primitivas, sean wi-fi o 4-G; sobre todo si comparamos su rendimiento con el que estamos acostumbrados a disfrutar en la vieja Iberia. Pero ese es otro asunto. Otro día hablamos de comparaciones.
Share on Google Plus

About Actas de noviembre

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.

0 comentarios :

Publicar un comentario

Aceptamos y respetamos todas las ideas y argumentos. No se admitirán comentarios ofensivos, expresados con grosería o escritos en apócopes sms