Ruedas que no ruedan

Rematando los mármoles y dorados de la escalera principal del palacio de la ópera de París, también conocido como palacio Garnier, dos enormes ruedas de tractor, pintadas en purpurina, erigen su dudoso y afortunadamente provisional homenaje al 350 aniversario de la creación de este espacio. El visitante, un poco desconcertado, se pregunta qué pintan en lugar tan destacado las famosas ruedas. El guía de la expedición lo aclara rápido: la municipalidad de París dio carta blanca al artista Claude Lévêque para desplegar todo su talento en la decoración (ya digo que provisional) del emblemático edificio.

Afirma el creativo, explicando elocuentemente su obra: "busqué elementos para crear metamorfosis e integrarme en esta arquitectura, para jugar con ella. Es una especie de elemento de coronación que parte de un neumático, un objeto muy trivial en nuestro mundo industrial. Al mismo tiempo, una cubierta es una forma, una escultura que marca el movimiento. Estos anillos son la cuestión del movimiento, la danza perpetua de este lugar extraordinario". Lo cual ya me deja mucho más tranquilo. Donde se pongan dos buenas ruedas de tractor, que se quiten alegorías burguesas sobre el decurso del tiempo y la perpetuidad del movimiento.

No está confirmado que la nacionalidad española, gaditana por más más señas, de la actual alcaldesa de París, Ana Hidalgo, haya influido y mucho menos determinado los resultados de la ornamentación. Lo que sí se confirma es que Colaus y Carmenas hay en todas partes. En París, a tractoradas.


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