Rassemblement

Chillones, estridentes, facundiosos de carcajada fácil, simples como el mecanismo de un sello de correos, molestos como Obélix en medio de una cohorte romana, los viajeros franceses me taladran el oído y me zarandean la moral en el viaje de regreso a París, tras unos días de calma en la isla bajo el volcán, que es el mejor sitio del mundo para tomarse las cosas con calma. Se acabó la breve isla, vuelta al avión, al grupo organizado de franceses que parece mejor organizado para molestar al personal que para viajar: deambulan por la cabina como si estuvieran en casa, beben, bromean, se saludan como si no se hubieran visto en años, cuentan chistes, forman corrillos, frecuentan los servicios con una intensidad de letrina en una estación ferroviaria de tercera. Me parecen peores que hooligans alemanes. Hacen más ruido, eso seguro.

Es la Francia rural, la gente blanca rubicunda de mofletes colorados de la campiña, la que al cruzar el océano se sorprende por la cantidad de agua que hay allí abajo; la que, llegados al continente, se complacen en observar "lo pequeño que parece todo" desde el aire. Los que se abarrotan ante las ventanillas del avión para "ver París desde el cielo". En España los llamaríamos catetos. Aquí se les dice ploucs. Son la base y la fuerza electoral de Rassemblement National, hasta hace un año conocido como Frente Nacional. Son los que llenan de carcajadas estentóreas los aviones y de votos las urnas, los que cortan carreteras, inundan las avenidas de París con leche de vaca derramada de sus camiones, de verduras y pescado. Son los que un día se cabrean y se visten con chaleco amarillo y si no les hacen caso suben el piñón de la protesta y reivindican La Bastilla. Son el pueblo claro. En España, el pueblo llano. ¡Cómo será el montañoso!

En Orly, un Uber me recoge para llevarme a destino en Ópera. El conductor me da las gracias por dejarle poner la música que le gusta, una especie de rap árabe no exento de ritmo y alguna concomitancia, remota, con el flamenco. Paso medio trayecto explicándole como mejor puedo la diferencia y pertinencia del uso del "tú" y el "usted" en el idioma español. Su abuelo, marroquí de Marruecos, hablaba a todo el mundo de usted. Le cuento que el mío fue chófer de la embajada de Marruecos en Madrid, a finales de los cincuenta y principios de los sesenta (del siglo pasado). El hombre se pone de buen humor. "Ah... Marruecos. ¡Qué buen tiempo hace siempre allí".

Charla que charla, acaba la cosa en tangente por la política. "¡Uf... La gente de Ressemblement National es insoportable. Pero eso sí, yo siempre voto a la señora Le Pen. ¡A mí nadie me quita lo que he ganado con mi trabajo!". Mi cara de extrañeza desencadena su gesto de orgullo: "Je suis français, mesieur!".

No hay remedio, pienso: "Están locos estos franceses...".








Share on Google Plus

About Actas de noviembre

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.

0 comentarios :

Publicar un comentario

Aceptamos y respetamos todas las ideas y argumentos. No se admitirán comentarios ofensivos, expresados con grosería o escritos en apócopes sms