La ilusión por el mundo

A veces las olas no traen eco y promesa del mundo por vivir y el tiempo por habitar, sino rutina de los días, el extraño tanto mar que nos hace raros en el mundo como sabida es la tristeza; ese mismo extraño que, paralizado en perpetuo vacío instante, llevó al poeta, aquel amigo, a resolver la incógnita de la peor manera posible. Cierto: a veces los días y el mar no auguran sonrisas de sirenas y el sudor de los héroes sino el eterno insoportable de una senda hacia yermos lejanos, el desierto y el tedio.

No voy a negarlo porque lo he sufrido en los últimos tiempos: la ilusión por el mundo, en ocasiones, en algunas épocas de la vida, se disuelve como la espuma sobre los labios de las olas. Razones para el desasosiego ha habido de más y de sobra: la doblemente frustrada ilusión por una nueva vida latiente en el regazo de ella, a quien habríamos llamado hijo; el adiós de personas muy queridas, demasiadas para mí y terrible para ella; la incertidumbre ante un futuro donde nos sabemos juntos pero no cómo ni dónde. Demasiado ruido por dentro, en el alma, para escuchar en paz la música de las olas y dejarse convencer por el hechizo inofensivo de la vida desnuda. Porque a veces, sin más explicaciones, se pierde el gusto por la vida y llega la tristeza. Y llegan las noches largas y la descreencia en cada amanecer. Pero como soy de la manera en que estoy hecho, nunca habría reconocido esta flaqueza (quizás este coraje para mirar afuera sin ganas de su engaño), de no ser porque la tormenta va cediendo. Los seres humanos somos paradojas sostenidas por dos pies, y poco más: justo cuando estoy donde no quería, me siento fuerte para ir adonde no me apetece; justo cuando me refugiaba en mi señorío irreductible, me sentía débil como una liebre acosaba por todos los monstruos del bosque. Sí, sí... somos una rareza; acaso, la más valiosa rareza del universo. La melancolía no hiere y encima acompaña. El valor nos desprotege pero es lo único que nos mantiene vivos de verdad.

Lo he pasado mal. Pero regresan la constancia y la furia para decir "Lo he pasado mal". Dentro de unas semanas emprenderemos, ella y yo, un camino largo hacia lugares anhelados, y este es el propósito, por escrito, de contar a quienes pasen por Lejos de Itaca el cada día del tránsito. De nuevo con intenciones de acabar la música mientras haya orquesta.

Prometo contarlo. A diario.


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About Actas de noviembre

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