Géneros

Hace unos días leí una reseña sobre una novela “histórica”. Está ambientada en España, en la década de los noventa del siglo XX, concretamente entre el prodigioso 1992 y la célebre amenaza tecnológica del que en su día se denominó “efecto 2000”. Una etapa de ocho años de la que aún no han pasado veinte. La etiqueta de “novela histórica” es cosa de la editorial, no sé si porque el género sigue vendiendo en España y hay que aprovechar lo que queda del tirón o por porque la inmediatez vertiginosa del mundo digital convierte en historia lo sucedido el mes pasado. Caramba, yo que pensaba ponerme a escribir unas sucintas memorias… Tal vez cambie mi propósito, porque si el “efecto 2000” es historia novelable, mi pintoresca biografía debe de ser paleología, por lo menos.

Decía Felipe Romero que toda novela, mientras no sea de ciencia ficción futurista, es histórica, en la medida en que el argumento siempre se ciñe a hechos ya sucedidos, sea cual sea su índole. La manía mercantil de poner etiquetas a todos sus productos, para hacerlos más reconocibles al consumidor, es como el hierro que marca la piel del carnero: lo identifica sin duda, pero malbarata la naturaleza de un hermoso animal para convertirlo en mercancía esquilable o comestible. La literatura de géneros y la obsesión por lo géneros es útil para vender libros, no lo pongo en duda, pero ahoga la primera, sustancial intención literaria del narrado ficcionario. La evidencia de una literatura grande, durable en el tiempo y eficiente en la generación de ideas en cada etapa histórica, denota que cuando “lo literario” se alza sobre la pretensión de los escaparates y acude al imaginario de las generaciones, se desprende como se desnuda de lo superficial proclive a etiquetas. No se me ocurre cosa más peregrina, en verdad difícil, que calificar a Cumbres borrascosas o Madame Bovary de novelas románticas; a El siglo de las luces como novela histórica; a Fahrenheit 451 ó 1984 como novelas de ciencia ficción; a A sangre fría como novela negra…

Un poco de equilibrio, hagan el favor. A lo mejor es que voy ya un poco cansado después de que, durante años y posiblemente décadas, cada vez que alguien se entera de mi dedicación novelística me pregunte: “¿Y qué clase de novelas escribes?” “¿De crímenes?” “Históricas?”. Yo intento eludir la cuestión, humildemente y sin entrar en más detalles: “Novelas, sin más”. Cuando el interlocutor insiste, siempre me dan ganas de contestar lo mismo: “Me dedico al género más rentable que hay, cartas a mi primo el millonario pidiéndole dinero”. En serio, la necesidad de clasificar la narrativa por géneros se ha superado a sí misma hasta el pecado y la penitencia del catálogo de compras, con sus ofertas de la semana y del día. Hasta las ferias del libro internacionales, como Frankfut o Guadalajara, se han acostumbrado a levantar la persiana tras una deliberación previa, al parecer inexcusable: qué géneros están de moda y, en consecuencia, qué títulos interesa contratar a los editores del mundo.

Estas cosas no desaniman, pero tampoco alientan. A veces, incluso, generan inspiradas frases y definiciones dignas de figurar en la antología de lo presuntuoso. Hace poco leí una enunciación, muy docta por cierto, sobre lo que es “novela de ciencia ficción”: “Toda novela fantástica en la que no intervienen la magia y otros elementos sobrenaturales, porque entonces sería pura novela fantástica”. ¡Cáspita” Si la ciencia ficción es fantasía sin magia ni fantasmas, entonces El Quijote es una obra maestra universal de la ciencia ficción.

Y así van yendo las cosas en este mundo aparte —no al margen—, literario, en el que algunos intentamos sobrevivir sin morirnos de agotamiento. O de risa en ocasiones.

IDEAL, Granada, 04/03/2019


Share on Google Plus

About Actas de noviembre

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.

0 comentarios :

Publicar un comentario

Aceptamos y respetamos todas las ideas y argumentos. No se admitirán comentarios ofensivos, expresados con grosería o escritos en apócopes sms