Naturalezas agotadas

A vueltas con la evidencia de siempre, señalada por el filósofo (concretamente Nietzsche) hace siglo y medio: “Las naturalezas agotadas necesitan continuos estímulos para sobrevivir”. Es el mal del pensamiento contemporáneo en estas latitudes y longitudes de la civilización humana: no hay, sensu estricto, pensamiento. El diálogo entre el ser y la conciencia expresado a través del lenguaje rehúye su posibilidad transcendente (o al menos relevante), para reproducir contenidos en bucle, banalidades archisabidas y lugares comunes que de puro vistos han dejado de tener significado real desde hace mucho. De su consecuencia, el peso del mensaje decae; y para más o menos sostenerlo no queda otra opción que reproducirlo a través de medios masivos, cuanto más populares más irrelevantes. No hay pensamiento sino publicidad. De tal forma, y con toda razón, se lamenta un conocido comentarista cultural, caballero de fino criterio y agudo verbo: “Estamos defendiendo la libertad de expresión a través de un rapero botarate; estamos defendiendo el feminismo a través de concursantes de Gran Hermano; la lucha contra la homofobia a través de cantantes de karaoke; estamos defendiendo la identidad creativa con letras de Mecano; el debate intelectual, con tuiteros Y a lo mejor el problema es que hay demasiados influencers y muy pocos referentes ”.

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